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“Hay que concretar ideas, alejarnos del capricho”

Con más de 30 años de ejercicio profesional, se preocupa -desde los 13- en ocuparse y desarrollarse como arquitecto. Desde su experiencia, habla sobre concursos, mantenimiento de obras, docencia y actualidad.

Nació en Italia, transcurrió el primario en Argentina, el secundario nuevamente en Italia y la universidad repartida entre ambos países. Finalmente termina por asentarse en Córdoba en 1979, donde emprende un camino vinculado a la profesión, desde la docencia, el ámbito estatal y, en menor medida, el privado. Carlo Barbaresi se recibe en 1981 en la UNC y también egresó en Roma como arquitecto. Ya en 1982 comienza a trabajar como docente y en 1987 empieza a ser Jefe de Proyectos del Área de Diseño en la Provincia. Su historia, vivir en dos lugares, de añoranza por el otro y su fuerte pasión por la arquitectura, lo llevaron a tener un perfil con mucha identidad.

–¿Cómo llegó al lugar que ocupa actualmente?
En primera medida, me gusta definirme a partir de tres pilares que me marcaron, impartidos por tres maestros a lo largo de mi vida. El primero fue mi padre, quien me enseñó el rigor, la disciplina y el arte de la construcción. Desde esa base, fue Adolfo Sajeva, profesor de 3°, 4° y 5° año de la facultad en Roma, quien me marcó la necesidad de aprehender cultura. Me llevó a entender lo que es la arquitectura. Y ya en Argentina, César Naselli me hizo vencer mi falta de destreza comunicacional, el pánico escénico. Desde esos pilares me constituyo como lo que actualmente soy.

–¿Si tuviera que definir la Arquitectura?
Es el resultado de la ecuación: ideación y construcción. Por un lado el “arche”, poseído por seres cultos, sensibles y con gran talento. Construye pensamientos inventivos. Por el otro el “tectón”, es decir la construcción. Pensamiento, idea, creatividad, invención, ejecución.
Hay un concepto clave que es entender a la Arquitectura desde la idea de que menos es más, pero con menos (recursos). La grandilocuencia, el egocentrismo de una obra, son ideas que por suerte empiezan a dejarse de lado.
La Arquitectura tiene un vínculo perfecto entre estética, materialidad y funcionalidad. Pero tiene que contextualizarse, entender el dónde se ubica, la materialidad tiene que tener relación directa con los lugares si no volvemos a caer en esa modernidad que en los ‘80 nos vació. Y creo que hoy en día se está tomando conciencia de ello.

–¿Cómo se caracteriza en el ámbito docente?
A partir de esta base es que he ido incursionando en todos los ámbitos de la profesión. Creo que no me puedo llevar a la tumba todo lo que aprendí. Hay que compartir el conocimiento. Esta creencia me ha llevado a ser muy comprometido en el ámbito docente. Desde el año ‘81, que empiezo en la UNC, y luego fui pasando por diferentes cátedras y universidades. Enseño lo que produzco y produzco lo que enseño, pasa por una cuestión ética.
El diseño tiene que responder a situaciones reales: ver cómo se concretan las cosas, idear y construir. Es obsceno hacer obras lujuriosas, que sin sentido, son altamente costosas. Hay que incentivar el espíritu crítico, saber filtrar; adaptar tendencias, tecnologías y usos que circulan, a lo propio, a la esencia. Creo que nos estamos arrimando a estas formas de pensar, los profesores estamos tomando conciencia de la necesidad de concretar, de dejar lo caprichoso.

–¿Qué piensa con respecto a la actualidad en los concursos?

Creo mucho en los concursos, pero más que todo ideológicamente. En Córdoba he ganado concursos y casi nunca se han construido. La voluntad política que se vincula con este mecanismo los debilita. Vuelve vulnerable la ejecución de las ideas.
He sido jurado muchas veces. La instancia es encontrarse frente a varias hipótesis, o posibles respuestas, y elegir la mejor posibilidad, proyección de los objetivos. Y el concurso en ese sentido es un mecanismo ideal. Pero la parte de la concreción, es bastante débil.
Personalmente creo que en cada concurso se debería saber, de antemano, quién es el jurado, como pasa en otros lugares del mundo. Para ello tiene que haber formación de jurados y formación de profesionales que elaboren las bases, porque esa es otra debilidad, generalmente son confusas, poco claras.
Estos son todos puntos que hay que trabajar, porque el mecanismo que se ejerce desde un concurso es idealmente perfecto.

–¿Y sobre el mantenimiento de obras?
El Hospital de Niños es un ejemplo de cómo veo la proyección en una obra determinada. Se hizo hace 15 años y está intacto. Creo que la elección de los materiales justifica la idea y, en este caso, se ejemplifica perfectamente: utilizamos envolventes de ladrillo, techos de chapa y hormigón.

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