Patrimonio

Publicado en agosto 8th, 2017 | por CBArq

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Líneas modernas de la década del 30

Ubicado sobre la Avenida Colón, el edificio se caracteriza por el uso del hormigón, destacándose balcones centrales en voladizo.

Al recorrer las calles de la ciudad de Córdoba, hay edificios que no pasan desapercibidos. Uno de ellos es “La Sudamericana”, ubicado en Avenida Colón 76, construido en 1936 por el arquitecto Jaime Roca, quien lo proyectó junto al ingeniero Antonio Vilar.
La construcción de La Sudamericana representó en su momento la expresión de la modernidad sobre la ampliación de la tradicional avenida Olmos – Colón; donde el uso del hormigón armado materializa la expresión de esta nueva arquitectura del siglo pasado.
El resultado formal, definido y riguroso propuesto acompañaba el entorno circundante y sus fundamentos se pueden rastrear en la formación académica de sus autores, basamento-cuerpo, remate, simetría axial, clara estructuración de las partes, entre otros.
Su fachada, expresión de su organización funcional, se resolvió con balcones centrales en voladizo, pertenecientes a los estares de los departamentos, unidos por un plano vertical central de forma aerodinámica que se inclina en una curva hacia el plano de fachada, marcando un punto de inflexión sobre la avenida compuesta de edificios historicistas de igual altura.

La función de La Sudamericana se organiza con locales comerciales en planta baja, de gran profundidad y con equipamiento, destacándose el local principal donde funcionaba la empresa que le dio el nombre a la edificación.
La planta baja se configura como un auténtico basamento revestido en travertino en el que se abren siete vanos rectangulares. El central es más bajo que los restantes y es tripartito con delgadas columnas cilíndricas sutilmente rehuidas del plomo de la fachada; sobre él están grabados el nombre del edificio y el de la compañía propietaria con una moderna tipografía, en la línea del diseño integral que Vilar ya explotaba.

La ventana corrida, consecuencia expresiva de adelantos técnicos que la arquitectura moderna exhibía como auténticas conquistas y que aún no se habían incorporado plenamente en Córdoba, adquiere una relevancia especial. Un leve rehundido en el revoque a la altura de antepechos y dinteles unifica las aberturas apaisadas, persiguiendo el efecto de un único paño por nivel extendido de un extremo a otro.
En tanto, el ingreso a los departamentos se sitúa en el centro de esta organización y a través de él se accede al hall principal –individual para cada departamento. Adjunto al acceso principal existe un acceso de servicio que conecta al hall secundario, de servicio, de cada piso.
El núcleo de circulación vertical –compuesto por escalera y dos ascensores- llega hasta el cuerpo superior, de menor superficie que la planta tipo y totalmente simétrico en su disposición. Cada piso contiene dos departamentos, simétricos, a ambos lados de la circulación vertical.
Un estudio minucioso de las circulaciones interiores rige la distribución de los usos y la disposición de los locales en cada unidad.
El planteo denota una notable claridad funcional que contribuye a optimizar el cálculo de hormigón de la estructura, y a su vez permite una conexión fluida entre los distintos espacios del departamento.

+ Racional y sobrio
Los proyectistas realizaron el edificio en plena adhesión a la renovación disciplinar impulsada por el Movimiento Moderno. El conocimiento y control de la sintaxis lingüística y del énfasis funcionalista de la nueva arquitectura, sumado a su personalidad rigurosa y a una formación teñida por el gusto academicista del cambio de siglo, otorgan al conjunto de su obra un carácter sobrio y racional.

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