Arte Los pintores venecianos del siglo XVI coincidieron en un interés por el trabajo con la luz y el color para la captación de la verosimilitud, la expresión anímica y la narración de historias. Los atardeceres en el Gran Canal fueron motivo de inspiración para muchos de ellos.

Publicado en julio 20th, 2020 | por CBArq

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Arte en Venecia

Una puerta abierta al arte contemporáneo

Si bien la ciudad de Venecia es reconocida por su rico patrimonio cultural y arquitectónico, cada dos años la Bienal de Arte, la convierte en la capital del arte contemporáneo del mundo. El 19 de abril de 1893, el Ayuntamiento de Venecia aprobó una resolución para organizar una exposición Bienal de arte italiano para celebrar el aniversario de plata del Rey Umberto I y Margherita de Saboya. Un año después, el consejo decretó adoptar un sistema por invitación, reservando una sección de la Exposición para artistas extranjeros y además, admitir obras de artistas italianos no invitados, seleccionados por un jurado. La primera Bienal se inauguró finalmente el 30 de abril de 1895 y fue visitada por 224,000 visitantes, lo que llevó a la decisión de institucionalizarla. Durante las primeras ediciones las artes decorativas desempeñaron el papel principal.

Christoph Büchel, artista suizo-islandés, trasladó a Venecia este pesquero hundido en el Mar Mediterráneo, que transportó refugiados de Libia, donde murieron 800 personas. “Barca Nostra” es un monumento a la migración contemporánea que representa a las víctimas y se convierte en un símbolo de la crisis migratoria, instando a Europa a asumir su responsabilidad.
Miradas alteradas, la propuesta de Voluspa Jarpa en el pabellón chileno, habla sobre la construcción del discurso hegemónico occidental a través de seis casos reales que van de 1672 a 1990, entre los que se cuentan los zoológicos humanos, el fallido primer partido político de mujeres en Viena y la instalación del concepto de república bananera.
El artista italiano contemporáneo de renombre internacional Lorenzo Quinn presentó su monumental escultura, ‘Building Bridges  . Compuesta por seis pares de manos gigantes, de 15 metros de altura y 20 metros de ancho, celebra los seis valores humanos universales: Amistad, Sabiduría, Ayuda, Fe, Esperanza y Amor.
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La función social del arte y el pensamiento crítico

La última Bienal se llevó a cabo entre los meses de Mayo y Noviembre de 2019. Esta edición número 58 fue titulada May You Live In Interesting Times (Que Vivas En Tiempos Interesantes), evocando quizás la idea de los tiempos difíciles e inciertos o incluso amenazantes que vivimos. Su curador, el estadounidense Ralph Rugoff, fue el encargado de seleccionar a los artistas que participaron, entre los cuales se destacó la presencia de dos argentinos: el tucumano Tomás Saraceno y la porteña Adriana Minoliti. La santafesina Mariana Tellería elegida por concurso abierto, representó a la Argentina en el pabellón nacional ubicado en los arsenales italianos, con su proyecto “El nombre de un país”, una potente instalación de siete esculturas de gran formato, curada por Florencia Battiti. La Bienal se dividió en dos grandes espacios principales de exposición: el clásico Pabellón Central de los Giardini y el Arsenale. Además cada rincón de la ciudad se vistió de arte para ofrecer al público una amplia gama de posibilidades en lo que a escenarios expositivos se refiere: iglesias, “palazzi”, museos, fundaciones y espacios verdes se convirtieron en verdaderas galerías de arte. Actualidad política, cambio climático, caos y migración guiaron las propuestas de 79 artistas de todo el mundo que participaron en esta edición: una interesante propuesta con gran presencia de lo virtual y convivencia de diversos lenguajes artísticos en un mismo espacio, que nos invitó a considerar alternativas y puntos de vista desconocidos y a pensar con una nueva perspectiva. Rugoff declaró: “La exposición se centrará en el trabajo de artistas que desafían las categorías de pensamiento existentes y nos abren a una nueva lectura de objetos e imágenes, gestos y situaciones. Un arte similar surge de la propensión a observar la realidad desde varios puntos de vista, es decir, tener en cuenta nociones aparentemente contradictorias e incompatibles, y hacer malabarismos con diferentes formas de interpretar el mundo que nos rodea”.

Renate Bertlmann reformula el principio filosófico Cogito Ergo Sum (“Pienso, luego existo”) en una instalación titulada Discordo Ergo Sum (“Disiento, luego existo”) en el pabellón austríaco.
En el proyecto titulado Ghana Freedom Project  situado en el pabellón de Ghana, la obra de 
El Anatsui causó gran interés por su grandes tapices realizados con desechos.

Weather Report: Forecasting Future, es una instalación multifacética de intervenciones escultóricas de formas orgánicas dentro del Pabellón Nórdico que le pide a los espectadores reconsiderar su relación con el mundo natural, que se encuentra bajo la amenaza actual del cambio climático.
Guardianes del tiempo” del austríaco Manfred Kielnhofer se relaciona con la idea de que desde el principio de los tiempos la humanidad ha tenido protectores, tanto por razones históricas como místicas: el hombre mismo es una fuente potencial de peligro para su propia existencia. 

Adivinando lo que se viene

La 59° edición que se preveía para el 2021 bajo la dirección en artes visuales de la italiana Cecilia Alemani, fue postergada hasta 2022 debido a la pandemia de coronavirus. Este tiempo único y extraño que estamos transitando, invitados a pensar y obligados a reconfigurarnos, ha cambiado nuestra percepción del mundo y seguramente con ella, la creación contemporánea. Y sin dudas lo veremos reflejado en las obras expuestas en la próxima edición de la Bienal. Sin tener certeza sobre el futuro próximo algunas modalidades digitales, como recorridos virtuales y videoconferencias adoptadas por los museos y galerías durante la cuarentena, quizás se planteen como una posibilidad más de llegar al público, aunque nunca logren reemplazar el encuentro espontáneo entre el espectador y la obra de arte.

En el pabellón de Bélgica , una instalación protagonizada por autómatas, parecen salidos de un cuento de los hermanos Grimm. Desempeñan actividades inquietantes o anacrónicas, como recordando que el ideal supremacista de los ultras europeos es una ficción deformada.
La escultura Babyfoot por Idan Zareski (artista israelí y ciudadano francés) en Giardini della Marinaressa, representa a través de sus grandes pies el símbolo de nuestras raíces y nuestro apego al mismo planeta, la Tierra.
A la artista ucraniana Zhanna Kadyrova le encanta usar materiales reciclados, pesados ​​y llenos de referencias a la arquitectura e historia de un territorio para crear mosaicos que representen objetos cotidianos. Market, es un puesto de comida equipado con todo lo que un comerciante callejero necesita.
El nombre de un país, de Mariana Tellería, en el pabellón Argentino, se organiza a través de siete esculturas de cinco metros, construidas en torno de un tronco que sostiene fragmentos de materiales de diversa procedencia, creando un clima de teatralidad religiosa.

Texto y fotos: Arq. Mariana Papis

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